Un paseo por los rincones más bellos de Santo Domingo entre moda, color y ritmo sabrosón

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anto Domingo es la ciudad más antigua del Nuevo Mundo y esto ya le confiere una atmósfera mágica: un aroma a tiempos remotos, un dulzor como de caña de azúcar. Pero a pesar de sus páginas de historia y de su encanto virreinal, la modernidad transita por sus venas. Bailonga y seductora, luminosa y vociferante, Santo Domingo es una ciudad viva y permeable a los nuevos tiempos. Una ciudad de gentes alegres que se empeñan en mantener el pulso de la buena vida.

UN PASEO DE COLORES
La llamada ciudad colonial es el alma de la capital dominicana, declarada Patrimonio de la Humanidad. Un entramado compuesto en forma de tablero de ajedrez (tan solo existen tres calles curvas) que se erigió en el modelo de la urbe americana por excelencia, imitado después allá donde los españoles fueron fundando ciudades.

Es aquí donde seguir la pista a los monumentos más bellos: las casas de piedra, los palacios, las iglesias, las plazas recogidas a la sombra de plantas tropicales. La Catedral, construida en piedra caliza de origen coralino, destaca sobre todos ellos con su dualidad de estilos: románico por fuera y gótico por dentro. Pero no hay que dejar pasar los museos (de las Casas Reales, de la Familia Dominicana, del Ámbar…), el Alcázar de Colón (que perteneció al hijo del descubridor) o el Convento de los Dominicos, donde tuvo lugar un hito histórico: aquí fue pronunciado el Sermón de Adviento, el primer alegato en defensa de los indios. Se considera el origen de los derechos humanos.

Y ya puestos a seguir con el paseo, hay que dirigirse a estas dos calles: la De las Damas, la más antigua de la ciudad, y la Cuesta de la Hostos, un escénico y colorido rincón que aparece en una escena de El Padrino II, así como en el archiexitoso videoclip Bailando, de Enrique Iglesias.

CHOCOLATE, AVENTURA Y BAILOTEO
Cuentan que fue Hernán Cortés el primer europeo en probarlo, aunque ya para las civilizaciones antiguas era el alimento de los dioses. Nos referimos al cacao, uno de los grandes tesoros de República Dominicana. En la capital hay un lugar para descubrir su origen y, ya de paso, darse un atracón. Se llama Kah Kow Experience (cacaotour.com/es/kah-kow-tours) y es un recorrido a través de un teatro holográfico, un bosque místico y un salón sensorial por el que está considerado uno de los mejores chocolates del mundo.

Igual de apasionante es la aventura que se vive en The Colonial Gate (thecolonialgate.com), también en pleno casco antiguo. Un viaje en 4D hacia el año 1586, cuando el pirata Francis Drake invade Santo Domingo. Participar en la batalla, esquivar los cañonazos, volar sobre la ciudad amurallada y sentir el calor de las llamas, literalmente, son sólo algunas de las sorpresas que aguardan, mientras se asiste a una lección de historia.

Y luego está el ocio, claro, del que esta ciudad es abanderada. Y para apreciarlo solo hay que darse una vuelta por la Plaza de España y dejarse contagiar por el ambiente de sus terrazas. Para comer rico en la zona colonial están el restaurante Buche Perico (El Conde, 53), con auténtica comida local, o Pat’e Palo (patepalo.com/es), que tiene el honor de ser la primera taberna de América. Y no hay que perderse Jalao (jalao.do/langs/es) para saber lo que es el ritmo sabrosón. Por algo es el lugar donde acuden los dominicanos de pura cepa.

Fuente: Hola.com

Menduca.net.